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01 julio, 2011

Competencia

Estos días está siendo noticia las actuaciones de la Comisión Nacional de la Competencia en España abriendo expedientes a las comunidades portuarias de Barcelona y Valencia al completo  incluyendo transportistas, transitarios, consignatarios, agentes de aduanas, autoridades portuarias, sin faltar en el caso de Valencia a la mismísima  Consejería de Transportes de la Generalitat Valenciana.  Por otro lado La Comisión Europea, cuya política de Competencia la encabeza el bilbaíno Joaquín Almunia, realiza inspecciones sin previo aviso a la flor y nata de las compañías navieras de portacontenedores europeas.

Sin duda,  la libre competencia y su defensa por organismos independientes es el factor que acredita la existencia de un auténtico mercado libre en el que los consumidores se benefician (nos beneficiamos) de poder elegir entre distintas alternativas al operador más eficiente o de mayor calidad o al que mejor se adapta  a sus necesidades.

Sin prejuzgar nada, la exuberancia  y coincidencia de expedientes  en el sector marítimo llama la atención aunque  en los casos comentados podemos apreciar clamorosas diferencias.

En los expedientes españoles las acciones que se investigan  son acuerdos hechos con luz y taquígrafos, con el resultado de unos documentos públicos que ahora están en cuestión.  Mientras, en el caso de las navieras, según las autoridades europeas “han dado razones para pensar que pudieran haber faltado a los reglas contra los cárteles”, es decir que hubieran tenido lugar acuerdos  ocultos para fijar precios o la oferta de capacidad en el mercado.

Además es claro que  en el caso de las comunidades portuarias de Barcelona y Valencia los acuerdos bajo investigación fueron una salida al permanente conflicto que mantienen con el resto de actores de la logística portuaria el sector de transportistas de contenedores, que tantas veces realizan sus mal llamadas huelgas (ya que son cierres patronales) y  con el que se escenificó  una “paz social”  como si de un convenio colectivo se tratara, bendecido y firmado  hasta por las autoridades portuarias.

Para que sean justas,  de las normas no debe estar nadie exento, pero hay que tener  cuidado con los excesos y los fundamentalismos también en esta doctrina de la “sagrada libre competencia”, porque después de lo visto cunde la duda y el temor de  no saber ciertamente donde están los límites para evitar verte ante la Inquisición, disculpen el lapsus, ante la Comisión.