Cuestión de tamaño
En un proceso que recuerda la concentración que está ocurriendo con las entidades financieras en España, este final de año 2011 nos está proporcionando novedades que apuntan a una revolución en el mundo de las navieras.
En las últimas semanas se han anunciado dos nuevas alianzas entre ocho de ellas para la explotación compartida de las rutas de buques portacontenedores desde Asia a Europa que serán efectivas en próximos meses. Maersk, la actual naviera líder mundial con su más de dos millones y medio de TEUS transportados durante 2011 se ha quedado al margen, pero compitiendo en volumen con ella surgen por un lado la alianza de MSC y CMA que juntos superan ampliamente a Maersk con casi un millón de TEUs de diferencia y por otro la alianza G-6 compuesta por APL, Hyundai, MOL, Hapag-Lloyd, OOCL y NYK Line que juntos también superan a Maersk por algo más de trescientos mil TEUs al año.
Las razones ofrecidas por las navieras para este nueva unión operativa son que permitirá ofrecer unos servicios más fácilmente adaptables a los requerimientos del mercado un más eficiente uso de buques de gran tamaño (14.000 TEUs).
Esta segunda parece el auténtico motor ya que teniendo en cuenta las economías de escala que proporcionan los mega-portacontenedores , los nuevos aliados corrían el riesgo de quedarse fuera de juego ante la apuesta por ellos de Maersk y de la otra alianza de navieras CKYH (Cosco, K-line, Yang Ming y Hanjin).
Aunque en principio los acuerdos son solo alianzas para unas ciertas rutas, significan un paso muy importante en la consolidación y concentración del sector ya que de resultar productivos y profundizarse hasta llegar eventualmente a auténticas fusiones, tendríamos que entre Maersk y las tres alianzas mencionadas convertidas en operadores acaparan aproximadamente el 60% del tráfico mundial de contenedores.
Por otro lado el gran tamaño que podrían alcanzar estos consorcios me hace recordar, volviendo al paralelismo con el mundo financiero, la recomendación del ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan de trocear los grandes bancos considerados “too big to fail” y no permitir que surjan nuevos de esas características porque restrigen la competencia y crean riesgos sistémicos.

